De cara al suelo


No lo vi venir, aunque muchos sí por la propia naturaleza de las cosas. Me azotó de repente, aún me tiene tumbada, pero todavía tengo un gancho con qué golpear…


Ni mis cosas ni mi vida han sido tarea fácil, más bien un “sucio difícil” que, por más que limpio sólo se perfuma con la esponja. De todas maneras, decidí llevar una vida de “adulta”, independizarme y hacerme responsable de todos los cargos adicionales que llegaban por añadidura. Todo eso con un trabajo a tiempo y medio. Tremenda hazaña la mía. Pero, así tenía que ser.

Al principio todo parecía bueno, hasta olía a nuevo. Apartamento propio, vida propia, libertad. Hasta que el déficit presupuestario me hizo dar cara a la realidad. No hay para mucho, da para poco ¿Y ahora? “Esto se va a arreglar” me dije. Por mucho tiempo me mantuve fuerte, y las veces que no lo era al menos me lo creía. La tan temida “Depre” había entrado por debajo de la puerta y lo peor de todo es que todos la veían menos yo.

Me decían “¿Por qué estás deprimida?” y mi respuesta siempre fue “yo no estoy deprimida, sólo un poco triste porque las cosas no salen como quiero”. Sí… claro. Con ese peso cargué por mucho y el orgullo de resolver las cosas “sin ayuda” le añadió varios kilos adicionales. Día tras día y mes tras mes. La gotera fue tan sigilosa que fue llenando a escondidas una copa que no le pedí. Y por más que traté pasó lo inevitable, se desbordó y me di cuenta cuando me estaba ahogando con mi propia agua.

Y exploté. Se me acabaron las fuerzas. Las lágrimas no se cansaban de maquillar mi cara y me dejé caer. Porque lo tenía que hacer. Y comenzó el mejor monólogo que he hecho en mi vida entera:

“Está bien, Dios. Fracasé. Tropecé y caí, sólo que con todo y heridas traté de convencerme que era un insignificante tropezón. ¿Orgullosa yo? Sí, tienes toda la razón y por eso me he dado duro. Tú me lo dijiste “Deja el orgullo porque algún día te tocará labrar la tierra”. Tenías toda la razón. Y ahora me encuentro aquí, derrotada, precisamente arrodillada en la tierra, de cara al suelo”…

Y tras guardar varios minutos de silencio Dios me respondió “Perfecto. Haz un hueco. Ahora abre tus manos y júntalas bien para que agarres estas semillas”.

Y fue así cuando las nubes negras comenzaron a dispersarse y se colaron los rayitos de sol. Ya sembré las “semillas”. Ahora a esforzarme para ponerme de pie para estar fuerte y lista para continuar adelante y cosechar lo sembrado: Sabiduría.

Porque detrás de un día viene otro. Y después de la noche llega la mañana…

Con amor,

 Yeye ♥

Comments

Popular posts from this blog

¡Los signos de puntuación SÍ EXISTEN!

Love Karma? You still a BITCH!

Crush...