La voluntad de Dios... ¡con chocolate caliente!
De vuelta a mi “part-time” de escritora… gracias a Dios.
Qué difíciles han sido mis días, al igual que los de seres queridos que me rodean. A veces parece como si la vida tuviera un látigo con mi nombre. Y como siempre pasa, humanos al fin, mostré una actitud un tanto rebelde con el típico cuestionamiento: ¿Por qué a mí? ¿Por qué me castigas?, etc. Como si Dios tuviera la culpa de lo que nos pasa. No sé ustedes, pero yo, para empezar creo en Dios. Para seguir, creo firmemente en seres espirituales que me guían y me protegen. Llámalos entes, guías, espíritus, orishas, santos, ángeles… “Whatever”, la cuestión es que están ahí sólo con un propósito, tu bien.
Regresando al tema. Cuando en esos días de “tribulación” me da con tirarme al piso a estrujarme y llorar (lo digo literalmente) porque no soporto lo que me toca, acudo a ellos, porque aunque no los vea y a veces ni los sienta, sé que de una u otra manera tratan de consolarme para que entienda una cosa: sea lo que sea, es la voluntad de Dios, y tengo que acatarla.
Vivo fascinada con mis “guías” porque son expertos en abofetearme en la cara (eso sí que no es literalmente) con verdades cuando mi cabeza se rehúsa a entender. Hace unos días, mi jefe nos reunió, y entre todas las cosas que habló dijo que teníamos que ser conformes con lo que tenemos. Mi primera “galleta”.
Luego un buen amigo publicó en su Facebook un cuento que se titula: Dios nunca se equivoca, la historia del rey incrédulo. En resumidas cuentas, trata de cómo a veces el mal que nos llega, es realmente por un bien futuro que, como buenos mortales, no entendemos en el momento. Esa fue mi segunda “bofetada”
Y para rematar, me senté a orar. Tengo como costumbre hablar con Dios, desahogarme y pedirle bien e iluminación para mí. Una vez que termino me persigno con mi libro de oraciones, lo abro al azar y leo exactamente el párrafo o línea en el que caen mis dedos. Esto fue lo que me tocó:
“En lo que nos aflige, en general, sólo vemos el mal presente y no las consecuencias ulteriores favorables que esto pueda tener. El bien es muchas veces consecuencia del mal pasajero, como la curación de un enfermo es resultado de los medios dolorosos que se han empleado para obtenerla. En todos los casos debemos someternos a la voluntad de Dios y soportar con valor las tribulaciones de la vida, si queremos que se nos tome en cuenta y que se nos apliquen estas palabras de Cristo: ‘Bienaventurados los que sufren’.
Si… lo sé. Si pudiera incluir efectos de sonido irían perfectamente los “galletasos” estilo película china.
Yo no creo en las casualidades. Creo que Dios, más allá de una iglesia o un cura, utiliza cualquier manera para comunicarse con sus hijos y reconfortarlos o recordarles por cuál camino tienen que ir.
Y con chocolate en mano suspiré hondo, sonreí, y antes de darme mi primer sorbo y comenzar a escribir miré arriba, subí la taza y le dije: Salud. Porque por más vicisitudes que puedan llegar, las ganas de llorar que tenga o lo decaída que me sienta, siempre agarro fuerzas para decir como en aquel cuento que mencioné anteriormente: “Qué bueno, qué bueno, qué bueno es todo. Dios NUNCA se equivoca”. Para el que aún no lo entienda: Dios sólo brinda lo que Él cree que es bueno y necesario para ti. Y eso, en muchas ocasiones, NO ES lo que tú entiendes que sería bueno.
Y con chocolate en mano sé que Dios también está, mirando hacia abajo y disfrutando la tacita, con la complacencia de saber que al fin estoy entendiendo…
Con amor… ♥
Yeye
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