El canto de pan
“Ángel
de la guarda, dulce compañía,
sígueme los pasos, dame tu alegría,
no me
desampares cuando cae la noche,
no me desampares cuando llegue el día,
dame la
esperanza con tu compañía,
Ángel de la guarda… qué será de mí”- Rucco Gandía
Esta época es un
poco difícil para muchos ya sea por la economía o por la infinidad de corazones
rotos. En mi caso por la economía. No sé si a ti te pasa pero mientras más
dinero se guarda para unas cosas, vienen otras a joder el presupuesto: exámenes
médicos, los “billes”, gomas explotadas, gomas explotadas… ¿mencioné gomas
explotadas?
Pues nada, me
resigné a pasar las navidades con lo que me queda. Nada de ropa nueva, nada de
regalos, nada de lujos, de gustos, sólo nada. Confieso que fue motivo de “rochaera”
pues uno se dice “¿pu@#eta qué pasó? Si la
suma de tanto y tanto me daba tanto y cuando miro no hay ese tanto” pero mi
buen amigo Israel me dijo que no me angustiara por eso, que todo estará bien. Así
que decidí dejar eso de lado junto con varias cositas más que me tenían a punto
de ebullición y seguir adelante.
Esta mañana me
levanté y para mi desgracia no tenía café. O sea, no café en la casa de Yeye…
eso es totalmente inaceptable, fuera de lugar, motivo suficiente para morirse
con lo cafetera que soy. Fui donde mi moribunda cartera, la cual se encontraba
tomando una terapia de oxígeno, a ver si esta vez sumaba bien y me daba para
comprar una media de pan y una media de café. Sumé bien y me fui de lo más
contenta a la panadería.
Allí por el “servi-carro”
me atendió una señora viejita, de esas con cara de abuela añoña nietos y le
pedí media y media. Mientras llegaba volví a contar lo que tenía y me preparé
para sacar los centavitos a pasear en caso que no me diera el dinero. Entonces llegó,
me dio una bolsa que tenía el pan y el café y me dijo bien bajito “Mira nena,
saqué un canto de pan de allá atrás y te lo puse ahí sabes” y cerró la
ventanilla para ir a cobrar a la caja y decirme lo que le debía.
Cuando miro la bolsa
de pan tenía una libra entera en vez de media y lo primero que me dije junto
con una sonrisa fue “wow nene, a la verdad que tú siempre me la haces”. Y me
cobró media y media. Al darle el dinero completo me volvió a decir bajito y con
una sonrisa traviesa “tienes una libra de pan” con cara de abuela que te da
dinero a escondidas para que te compres dulces. Le sonreí, le di las gracias y
me fui.
De regreso al
apartamento iba reflexionando. Por más que creo que es el tiempo sólo Dios y
ellos saben cuál es. A veces pido, no me dan y bajo la guardia sin entender que
no es el momento. Siento que rezo, rezo y nada pasa pero es que no corresponde
aún. Llego al punto de no creer y/o perder la fe porque no sucede lo que
quiero, como quiero, cuando Dios y ellos permiten lo que realmente debe ser
para mí. Esto me hizo el día. Cuando se juntan en “compinche” sólo queda creer,
confiar, esperar y reír.
Así que con esta te
dejo. Cuando sientas que estás a punto de caer, que no hay más, que nada se
puede hacer, sólo respira, acepta y déjate fluir y verás que cuando menos lo
esperes te llegará tu canto de pan.
Yo me sentaré a
disfrutar el mío con un café.
Con amor,
Yeye ♥
Comments
Post a Comment