Felicidades a mí, porque sí he sido una buena madre…


Jamás pensé escribir un “blog” como este…

El día de las madres. Día de agradecer a ese ser que nos trajo a este mundo y que muchas cosas hace por nosotros, por más adultos que seamos y aunque vivamos en el otro lado del mundo. Díganmelo a mí J.

Para variar, me levanté en la mañana y lo primero que hice fue agarrar el teléfono y revisar esa red social viciosa sin la que muchos “no podemos vivir”. Las felicitaciones por doquier me confirmaron que ya todos estaban alertas de la festividad desde las 12:00 de la media noche. Pensé “cuando tenga los sentidos bien puestos pondré mis mensajes” pero entre la lectura de las publicaciones de los “friends” me topé con uno que realmente me incomodó. Decía “Porque Dios te dio esa bendición de ser madre, ¡felicidades!” seguido de varios “tags”. Realmente no me molestó el mensaje, lo que sí me “chocó” fue no estar entre todos esos nombres.

Sí, para los que no me conocen, 33 años de vida y aún no soy madre. En el pasado lloraba tanto por eso que mi segundo nombre estuvo a punto de cambiarse solo, de Rosario a Magdalena. No entendía por qué a mí no me cayó esa suerte, cuando hay mujeres que tratan tan mal a sus hijos y hasta desean no haberlos tenido nunca.

Pero ¿Saben qué? Al fin y al cabo sí he tenido una suerte parecida, así que felicidades a mí, porque aunque no lo crean sí he sido una buena madre. He sabido dar buenos consejos, escuchar, consolar. También he dado mis regaños aunque sin llegar al extremo de usar una vara de guayabo. Enseño lo más sabio que tengo para que otros se vuelvan más iluminados que yo y siempre tengo mensajes alegres de apoyo para cualquier acción, grande o pequeña, que todos los que me rodean hayan logrado. Al menos de lo que me libré fue de cocinarles… ja ja ja.  

Los años han pasado y con ellos ha llegado mucha madurez. Y más que preocuparme por quedarme “jamona” y no tener hijos, me conformo con vivir la vida que Dios entiende que es la mejor para mí. Tal vez no deba tenerlos en este momento. A lo mejor no me convenga en esta vida. ¿Quién sabe? Sólo el Todo Poderoso y no tiene por qué dar explicaciones a sus acciones.

Si Dios me otorga la bendición de ser una mami, es porque cree que mi barriguita es lo suficientemente cómoda para albergar a uno de sus pequeños y darle una buena vida. Si no, es porque cree que SU panza es más que apta para tenerme a mí así, sola, y darme todo lo bueno que merezco.

Para todas las madres del mundo y aquellas como yo, que sólo lo son entre comillas, mis más sinceras felicidades…

Con amor…

Yeye


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